Feliz Día del Libro-Bon Sant Jordi: repasamos con la obra ‘Tri, tri, triple’ un momento histórico clave que derivó en el despido de Díaz-Miguel

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Llegó el 23 de abril, Día del Libro y con la jornada festiva de Sant Jordi además en Cataluña. Como hay unos cuantos libros recientes de baloncesto publicados, os animamos a que compréis alguno de ellos, ya sea un cómic realizado por el ex jugador Andrés Jiménez, una obra que recorre el All Star de la NBA, una que se ocupa de las 25 primeras ediciones de la Euroliga o una que se centra en el análisis de datos.

 

Nosotros, cómo no, os traemos a la palestra el volumen ‘Tri, tri, triple’, escrito por el director de esta web, Javier Maestro. Es un libro que recorre la historia del baloncesto español desde 1982 a 1994 con la selección española y sus hitos como hilo conductor -contado todo ello y muchas anécdotas por los protagonistas y los periodistas de la época. Asimismo, el otro eje son los principales jugadores de ese decenio largo, bien por su papel en sus respectivos equipos, bien por su peso específico, mayor o menor en el equipo nacional.

Hoy recordamos aquí un capítulo clave, el declive de esa selección española que tocó techo en 1984 con una plata olímpica y empezó a hundirse en los Juegos de Seúl de 1988. Una caída que afectó a todo el baloncesto español en general y que marcó un punto de no retorno para el histórico seleccionador nacional, Antonio Díaz-Miguel.

SEÚL’88, COMIENZA LA CUESTA ABAJO
Díaz-Miguel llamó a tres debutantes nada menos, Josechu Biriukov, Antonio Martín -hermano de Fernando- y Quique Andreu y recuperó a uno de los históricos de Los Ángeles
cuatro años antes, Jou Llorente. Aunque en el debut hubo paliza de Estados Unidos,
la selección hizo lo propio en los dos siguientes choques barriendo a China y Egipto.
Luego derrota apretada frente a Canadá y partido decisivo contra Brasil. Encuentro
memorable porque España ganó por 118-110 a un rival donde Oscar Schmidt metió
55 puntos nada menos, récord olímpico aún en vigor.

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Segundos de grupo y eso hacía soñar porque el rival en cuartos de final iba a ser la
en teoría asequible Australia. Sin embargo, de un partido sublime se pasó a uno
nefasto, de nulo acierto ofensivo y dolorosa derrota por 77-74 después de que
Margall no acertara con el triple para forzar la prórroga. El día de esta derrota, por
cierto, no se hablaba en todo el mundo de otra cosa que no fuera el tristemente
famoso positivo por dopaje del canadiense Ben Johnson tras su victoria y oro en los
cien metros libres del atletismo unos días antes. Pero para los aficionados al
baloncesto la noticia triste estuvo en la derrota de la selección contra el combinado
australiano.

España acabaría octava el torneo en pleno desánimo pues acumuló dos derrotas
más y el ambiente interno del equipo nacional quedó muy enrarecido. El oro fue por
cierto para la Unión Soviética en una soberbia demostración de poderío, primero
ganando por 82-76 a Estados Unidos en semifinales y por 76-62 luego en la gran
final de forma inapelable a Yugoslavia.

1989, UNA SELECCIÓN EN PLENA TRANSICIÓN

La siguiente cita para España fue otra vez un Eurobasket, el de Zagreb 1989. A la ciudad croata llegó una selección muy diferente tras la retirada de Margall, las lesiones de los hermanos Martín y de Romay, que bajaban muchísimo el nivel del juego interior, y la decisión de Díaz-Miguel de no convocar a Nacho Solozabal. Se operó de un tobillo Villacampa y tampoco pudo acudir. Así que llamó a jugadores de rango inferior como Juanan Morales, Manuel Aller, José Ángel Arcega, Pablo Laso, Rafa Vecina y Quique Villalobos. Epi y Andrés Jiménez eran ya los únicos veteranos y se confiaba en que, con la experiencia de los dos torneos anteriores, dieran un paso adelante Montero, Ferrán Martínez y Biriukov. Era una selección claramente
inferior a las del periodo 1980-87. A nadie ya se le ocurría hablar de pelear por medallas.

Los hechos demostraron en un par de días porqué. Era un torneo corto, de sólo
ocho selecciones en dos grupos de cuatro. España debía medirse a Holanda, Italia y
la URSS y ganar dos partidos para quedar al menos segunda de grupo y acceder a
semifinales. Dado que los soviéticos eran muy superiores, se sabía que el duelo
clave era contra Italia, rival siempre temible pero inferior al que unos años antes
había frustrado a los españoles en diferentes torneos. Pues bien, partido horrible y
97-76 para los azzurri (el 41-39 al descanso daba esperanzas pero la segunda
mitad fue lamentable) en una noche para olvidar.

Lo curioso es que al día siguiente jugaron mucho mejor contra la URSS, con un
55-47 al descanso que hacía soñar pero en la segunda mitad, tras el 68-62 del
minuto 25, hubo diez donde los soviéticos aplastaron con sus triples y poderío físico
y se fueron a un 87-94 hasta ganar por 96-108. Ya sólo quedaba el objetivo de terminar quintos para acceder directamente al Mundial de Argentina’90, algo que se
logró después de vencer a Francia por 95-87. Con una selección de potencial
discreto y poca experiencia de muchos jugadores, las críticas moderadas al principio
porque se intuía un final de época… hasta que intervino Manel Comas.
El gran entrenador catalán hizo unas declaraciones para valorar, más que este
torneo, la mala trayectoria de la selección uniendo lo acontecido en Seúl y cómo
Díaz-Miguel estaba en el disparadero de la prensa y varios jugadores. “No se puede
sostener esta situación, el baloncesto español está por encima del seleccionador.
Antes la selección era el equipo de todos los españoles y ahora es el equipo de
Díaz-Miguel. Esto está dañando seriamente el progreso de nuestro baloncesto”,
expresó taxativo.

Fue otro torneo de desenlace mayúsculo pues Grecia ‘se cargó’ a la URSS por
81-80 en semifinales con 45 puntos de Gallis. Pero en la gran final Yugoslavia barrió
de principio a fin a los griegos (98-77) y junto a Drazen Petrovic aparecían también
ya jugadores de leyenda en los años siguientes como Kukoc, Radja, Divac y un
pívot que no llegó a su nivel pero en el inicio de su carrera deslumbraba con su
físico, Vrankovic.

EL MUNDIAL DE 1990, UN BATACAZO DESDE EL INICIO
La temporada 89-90 es diferente en el recuerdo del aficionado porque es la del
fallecimiento de Fernando Martín en diciembre en accidente de coche. Fueron
meses de tristeza y un curso duro para el Real Madrid, que había apostado para el
banquillo por George Karl, un técnico joven de prestigio en la NBA y que luego haría
una buena carrera en la liga estadounidense. Pero no triunfó en el baloncesto
español. Esta temporada la liga la ganó el Barcelona por cuarta vez consecutiva
pero se quedaron otra vez sin la ansiada Copa de Europa al perder la final, en
Zaragoza, frente a la Jugoplastika. El Joventut sí conquistó la Copa Korac. El Cai
Zaragoza se llevó la Copa del Rey.

En agosto, en Argentina, llegó la gran debacle y la primera desilusión seria de
verdad de la selección española. Si de 1980 a 1989 hubo medallas, cuartos puestos
bien valorados y otros que no, como hemos narrado, el cambio de década fue
fatídico con los tres momentos más bajos en la historia de España en torneos
internacionales en el periodo que va de 1973 a 2024. Tuvieron lugar en 1990, 1992
y 1994. Normal que se considere que si el boom nace en 1984 empieza a morir en
el 92 y queda enterrado en el 94 para dar comienzo luego a una triste etapa de
transición, con pocos éxitos, muchos fracasos y cierta ilusión de nuevo a partir del
año 2000.

Pero vayamos a Argentina’90. Los prolegómenos de este Mundial fueron duros y
controvertidos porque las lesiones de Epi y Biriukov dejaron mermado el perímetro
español. La renuncia a disputar este Campeonato de Antonio Martín, fue otro
sentido golpe. Asimismo, el distanciamiento entre Díaz-Miguel y Solozabal era tan
grande que, como pasó en años anteriores con Iturriaga y Sibilio, el base titular del
Barcelona se quedó fuera de la lista del seleccionador. Como además convocó a
cuatro bases (Montero, Jofresa, Antúnes y Arcega) quedándose fuera el mejor y con más experiencia y galones, Solozabal, las críticas al equipo nacional y a Díaz-Miguel en las semanas previas a llegar al país sudamericano fueron grandes.

Los debates eran de adónde se podría llegar con los ausentes. Aún fresco en la
memoria el accidente mortal de Fernando Martín ocho meses atrás pues todo
desembocaba en un clima de dudas que llegó al corazón de la selección. En este
Mundial se produjo el debut de un joven alero que luego sería importante en futuros
torneos, Alberto Herreros.

Una cosa era ser una selección de perfil bajo y otra despertar tan poco entusiasmo.
Aun así el baloncesto en España en 1990 seguía con las canchas llenas y un buen
apoyo informativo. En los periódicos deportivos y generalistas los torneos de cada
verano de la selección tenían enorme protagonismo. En las distintas emisoras de
radio seguían con dos o tres enviados especiales asimismo, así que hubo más de
sesenta periodistas desplazados a Argentina porque el equipo nacional, como lo
denominaba Díaz-Miguel, siempre fue la locomotora de este deporte.

Villacampa, Jiménez, Montero, Romay y Ferrán Martínez eran una buena columna
vertebral pero desde el banquillo sólo Rafa Jofresa y Quique Andreu parecían de
garantías. El grupo de España de la primera fase contaba con Estados Unidos,
derrota que se daba por segura como así fue pero jugando bien, 95-85 para el
combinado norteamericano pese a los 33 puntos de Villacampa, Corea del Sur, a la
que se ganó por 29 sin problemas, y Grecia, que tenía la sensible ausencia de su
mejor jugador, Nikos Gallis. El que ganara este encuentro sería segundo de grupo y
pasaría a cuartos de final.

La victoria de los griegos ante los de Díaz-Miguel fue un palo. Triunfo por 93-102,
con 31 puntos de Yannakis y 32 de un estelar Christodoulou, seguramente el mejor
partido en la carrera de este alero que normalmente no anotaba tanto ni de lejos.
España no jugó mal pero fue siempre por debajo en el marcador. Había un 64-66 en
el minuto 24 pero la diferencia subió a diez puntos enseguida y las opciones de
victoria se escaparon. Villacampa brilló esa noche con 32 puntos, grandes
porcentajes y 6 asistencias. Junto a él, Montero, Jiménez, Jofresa y Ferrán
totalizaron 81 puntos, es decir apenas 12 del resto, lo que evidenció que la rotación
del combinado español sin Epi ni Biriukov ni Antonio Martín era corta.

Esta derrota fue una puñalada para quedarse fuera de la zona noble de este
Mundial y tener que ir a la sede de Salta a sufrir contra rivales de bajo nivel y luchar
por nada mientras las grandes selecciones se concentraban en Buenos Aires. Pero
también para la credibilidad de Díaz-Miguel, cada vez más asediado por la prensa,
algunos jugadores y que iba a perder el aura de intocable entre los aficionados. Por
primera vez el rumor y las informaciones sobre un posible relevo del seleccionador
tuvieron eco aunque la Federación se negó a ello.

Juanma López Iturriaga, en El País, y una información similar en Mundo Deportivo apuntaban que la Federación ha hablado con Aíto García Reneses para que tome el relevo en el banquillo de la selección.

De esta segunda fase en Salta sólo quedará el recuerdo de los 48 puntos de
Villacampa contra Venezuela. Fueron cuatro victorias ante rivales débiles y derrota
en el último choque frente a Italia por un contundente 106-83 que exacerbó las
críticas al técnico, protegido aún por unos pocos medios y aseteado por la mayoría.
España acabó décima, su peor clasificación histórica en un Mundial.
Díaz-Miguel sabía que estaba en la diana y fue muy claro en el regreso a Madrid:
“Cumpliré mi contrato. Sé que se me ha criticado desde el resentimiento, pero han
sido dos o tres enanos mentales. Los que me conocen saben que eso no me va a
influir y que los próximos días no voy a escuchar ni leer nada. Lo siento por mis
detractores, pero voy a seguir. Lo cierto es que me dan pena”. El cisma alrededor
del seleccionador empezaba a crecer.

EL EUROPEO DE 1991, UN OASIS PARA UNA ESPAÑA EN CRISIS
Con la URSS desintegrada y Yugoslavia a unas semanas del colapso, el mundo del
baloncesto comenzó a conocer una convulsión histórica como no se recuerda otra.
Dos de las tres grandes potencias mundiales junto a Estados Unidos iban a
desaparecer del mapa y eso beneficiaba a España, Grecia, Italia o Francia, las otras
grandes selecciones europeas. Eso sí, Lituania y Croacia se convertían de
inmediato, en 1992, en duros rivales y en los siguientes años Serbia y Rusia
también subirían al podio en diferentes campeonatos.

El Eurobasket de 1991, con Italia como anfitrión, llegó así pues en un clima
enrarecido. Para España, a priori otro torneo sin altas pretensiones. Pero supo
aprovecharse de las circunstancias. De forma sorpresiva, Checoslovaquia había
eliminado en el Preuropeo a Rusia, así que el gran dominador histórico de este
torneo, 14 oros atesoraban de sus tiempos como Unión Soviética, estaba fuera.
España presentó un equipo con pocos jugadores de plenas garantías (Epi,
Villacampa, Jofresa, Antonio Martín, Fernando Arcega y Quique Andreu), varios en
el mejor momento de su carrera aun siendo suplentes en sus equipos (Pep Cargoll,
Manel Bosch, Antúnez) y luego jugadores debutantes para un rol secundario o para
jugar poco (Orenga, Mike Hansen y Silvano Bustos). Dos fijos como Andrés Jiménez
y Chechu Biriukov quedaron apartados de salida por sendas lesiones, mientras que
Fernando Romay y Ferran Martínez tuvieron que abandonar la concentración de la
selección a unas semanas del debut por molestias físicas.

El grupo inicial de España incluía a una Yugoslavia que no tuvo a Drazen Petrovic y
era el debut. Hubo derrota contra ellos, asumible, victorias luego contra Bulgaria y
Polonia y duelo a cara o cruz en semifinales contra Italia, que también tenía bajas y
estaba en plena transición tras los dorados años ochenta.

Una vez más, los transalpinos fueron mejores (90-93). Así que tocó la lucha por el
bronce, con victoria española frente a Francia por 101-83. Era una medalla que
aliviaba las malas sensaciones tras el Europeo de 1989 y las nefastas después del
Mundial de 1990. Pero también hay que destacar que sin la desaparecida URSS, el
podio era más accesible. No menos cierto es que se fue con una selección algo floja
y con muchos debutantes y que los minutos fueron básicamente para siete
jugadores.

El título continental fue de nuevo para Yugoslavia… aunque se estaba partiendo,
victoria por 88-73 contra Italia. El escolta esloveno Jure Zdov había empezado el
torneo con la selección plavi pero el 25 de junio, en plena competición, Eslovenia declara su independencia y ordena a su jugador que abandone el torneo, algo que
Zdov hizo entre lágrimas. Luego recibiría la medalla que no pudo recoger en Roma
tras la final en una ceremonia en 2005.

ANGOLAZO Y BATACAZO EN BARCELONA’92
Seguramente el capítulo más triste del libro de la selección española en toda su
trayectoria histórica llegó en el peor momento pues los Juegos Olímpicos de
Barcelona marcan un antes y un después para el baloncesto español. Fueron en su
momento los mejores Juegos de la historia, una fiesta popular y un éxito deportivo
para España…excepto en el basket, el único deporte que se estrelló en esa cita
olímpica. La preparación fue mala con una huelga de jugadores entre junio y julio
que alteró la concentración de los internacionales, ambiente tenso con el
seleccionador Díaz-Miguel, más nervioso que de costumbre al ser el torneo en casa
y haber estado diciendo durante cuatro años que había querido construir un equipo
nacional sólido desde el 89 con gente nueva y con hambre para el gran evento en
Barcelona.

Pero todo salió mal. De pena. Un fracaso brutal.

Las lesiones de Ferrán Martínez y de Juanan Morales, el pívot más parecido a
Romay que hubo durante años, hicieron daño en las semanas previas al debut y Epi
llegó muy pero que muy mermado. Encima el sorteo de grupos fue malo porque en
el del combinado español entraron Estados Unidos, que iba a ganar el oro sin
problemas con su famoso Dream Team, Croacia, favorita a medalla y finalmente
logró la de bronce, y dos potencias medias como Alemania y Brasil. Aparte, Angola,
la teórica cenicienta convertida en ogro para el deporte español. En el otro grupo,
Rusia y Lituania pero junto a las débiles China, Puerto Rico y Venezuela y una
Australia que no estaba en su mejor momento.

Había que ganar dos partidos para acabar al menos cuartos de grupo y pasar a las
eliminatorias Se perdió contra Alemania y victoria española frente a Brasil por
101-100. Las sensaciones no eran malas, tampoco cuando se perdió por nueve
puntos con el combinado croata. Tocaba ganar al angoleño y listos. Pesadilla brutal
con una derrota por 83-63 que pasó a los anales como el terrible ‘angolazo’. Luego
paliza ante Estados Unidos y eliminados con las peores sensaciones que puedan
imaginarse. Críticas furibundas a los jugadores pero especialmente a Díaz-Miguel,
despedido a los pocos días. EEUU se colgaba el oro barriendo a Croacia (117-85),
país y selección que festejó la plata como un hito idéntico al que España disfrutó en
los Juegos de 1984.

Al poco de acabar los Juegos, la Federación anuncia el despido de un Díaz-Miguel ya sin defensor alguno. Así lo recuerda Paco Torres, directo de la revista Gigantes: «las críticas dentro y fuera del equipo nacional a Antonio cuando acaban los Juegos eran tremenda. Yo pido directamente sudespido, así de rotundo, en una portada que se hizo muy famosa. Yo a Antonio le reconozco muchos valores, ser el alma de la selección durante décadas, el hombre quesituó el baloncesto español en lo más alto, en cotas inimaginables, pero llevaba años sinadmitir las críticas y eso no le ayudó. Tuvo que dejar el banquillo nacional y pasó a un segundo plano».

Añade: «Durante años no nos hablamos pero luego cuando entrenaba al Canoe
recuperamos un poco la relación. Y en sus años finales, cuando todos los que le habían
adulado en las buenas épocas no estaban con él, cuando era digamos un juguete roto y
una persona enferma, yo sí le traté y eso que había pedido su cabeza. Incluso colaboró en
Gigantes. Y eso me congratula. Como escribí un artículo a la semana siguiente de pedir su
marcha para pedir un reconocimiento pleno del baloncesto español y de la Federación, que
poco menos que decía que no había que darle una indemnización porque había sido un
colaborador de la Federación sin un contrato fijo cuando todos sabíamos que había sido el
seleccionador nacional durante décadas. Yo hice una columna de opinión de dos páginas,
la más larga que he escrito, cuando Antonio se murió recordando todos sus méritos y sin
obviar los años de enfrentamiento que habíamos tenido”.

El 17 de marzo de 1993 se anunciaba desde la Federación Española el
nombramiento de Lolo Sainz como sustituto de Díaz-Miguel tras su exitoso paso por
el Joventut, donde logró dos ligas ACB consecutivas, y su largo periodo anterior de
14 temporadas en el banquillo del Real Madrid.

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