España, Australia o Polonia, el valor de ser un equipo frente al fiasco de Jokic-Serbia, Antetokounmpo-Grecia y EEUU

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El Mundial va avanzando a toda velocidad y con tantas sorpresas teóricas y reales que el ritmo de partido no permite analizar mucho en profundidad. Pero hay una conclusión clara que sí se puede establecer: Polonia y República Checa llegaron a cuartos de final contra todo pronóstico gracias a jugar como magníficos equipos. Fueron selecciones trabajadas, con un rol claro, con tiro exterior pero también con jugadores haciendo daño cerca del aro. Con pick n’roll o pop, pero también con sistemas trabajados, buenas transiciones y sin dependencia de un jugador. Varios anotaban en ataque y todos trabajaban para el colectivo.

Entre las favoritas a medalla, España, Francia y Australia demostraron estar mucho mejor trabajadas y preparadas que Alemania, Grecia, Serbia y Estados Unidos.

Las tres que han llegado a semifinales juegan con nueve jugadores tras sufrir bajas que condicionaron su rotación. Pero han sobrevivido a ellas, reducido sus defectos y explotado la virtud de jugar con un estilo marcado. Australia tiene de todo pese a alguna ausencia, juega con grandes, incluso con dos cincos en pista, pero también con dos bases a la vez muchos minutos, Mills y Dellavedova.

Francia sabe crear espacios cerca del aro a Gobert y tiros para De Colo y Fournier, para los que también genera espacios con vistas a que exploten su buen uno contra uno. Además, tienen una buena defensa, como Australia.

España destaca en su trabajo defensivo y está teniendo un flojo Marc Gasol en ataque y un irregular Llull. Pero unos días Rudy, otro Willy o Claver y casi siempre Ricky y Juancho Hernangómez aparecen en ataque. Asimismo, sin Pau Gasol ni Navarro como estrellas y el declive de otras, ha sabido ser un colectivo. Discreta imagen en la primera fase y clara mejoría en la segunda, cuando llegaba lo decisivo.

Como pasa con la selección española, la argentina lleva 20 años compitiendo bien o muy bien. Perdió grandes referentes como Nocioni, Ginóbili o Prigioni aunque supo hacer la transición y mantener un espíritu ganador, competitivo, de amor por el equipo nacional, a lo que unen un gran corazón en cancha, un faro que guía a los nuevos y menos nuevos como Scola y un Campazzo estelar.

Frente a ellos, EEUU fue un desastre como equipo, sin roles ni juego colectivo. Sin usar sus pívots y sin que sus tiradores fueran regulares. Serbia empezó arrasadora pero se hundió en los partidos clave sin saber tampoco hacer daño con sus torres ni contar con un seleccionador talentoso ni contar con el mejor Jokic.

Lo de Grecia fue peor porque había un escenario excelente para llegar lejos. Tenían a gente muy curtida como Printezis, Sloukas, Calathes, Papapetrou o Papanikolaou y a la gran estrella del Mundial, Antetokounmpo. Sin embargo, todos han estado mal. No han sabido jugar como equipo ni sus exteriores han estado al nivel esperado para generar amenaza a siete metros y dejar espacio para que su mejor jugador arrasara.

El torneo deja lecciones para todas las selecciones y la evidencia de que Estados Unidos necesita un par de estrellas de verdad como en el 2010 y el 2014 para liderar su equipo y marcar diferencias. Con las de segunda fila no gana y ya se vio en otros mundiales y juegos olímpicos.

 

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